Economía circular, cero desechos y el amplio campo de oportunidades para desarrollar

Por: Lucile Richard. Entre medio de la crisis del omnipresente COVID que se ha tomado nuestros medios de comunicación (y mucho más), un hito relevante ocurrió entre los meses de abril y mayo de este año: el Ministerio del Medio Ambiente dio inicio a la elaboración colaborativa de una “Hoja de Ruta de Economía Circular” para Chile. Nada menos que 7 ministerios y 25 representantes de la industria, la academia, organizaciones ciudadanas, organismos públicos y expertos en estas materias se suman al Comité Estratégico a cargo de su elaboración.

En su conjunto, esta iniciativa se posiciona como un impulso estratégico para que la recuperación post pandemia tanto de la sociedad como de la economía sea realmente "sustentable y verde", según palabras de la misma Ministra de la cartera; y eso con un horizonte a 20 años. El trabajo y los lineamientos y medidas resultantes se estructurarán en torno a 4 temas: la obtención de materias primas, la producción, el consumo y servicios y la gestión de residuos.

Esta iniciativa es alentadora en un contexto de recesión económica importante, mientras la gran mayoría de nosotros nos encontramos en un momento de repliegue y reducción de nuestras actividades propiciando el cuestionamiento sobre cómo hacer evolucionar nuestras formas de pensar, trabajar, producir y vivir teniendo presente el ambiente en el cual nos desempañamos, ya sea natural, social o económico.

Si nos detenemos un poco en el cuarto tema, el de la gestión de residuos, el impulso de una lógica circular ¡es una gran noticia!

Es una gran noticia para la sociedad, el medio ambiente y los numerosos actores disruptivos que han ido formulando propuestas, servicios, productos en este sentido. Es una gran noticia también porque en tiempos de pandemia, el reciclaje y muchas acciones en pos de reducir los residuos han sido maltratados, postergados, e incluso impedidos por razones sanitarias.

Es una gran noticia, finalmente, para la infraestructura nacional de rellenos sanitarios que ya llevaban un porcentaje inquietante de saturación y obsolescencia en el 2018 (año en que se elaboraron varios estudios diagnósticos sobre ello desde el sector público).

Pero por sobre todo: es una gran oportunidad y desafío para los municipios y las comunidades. ¿Por qué eso? Porque ambos son los eslabones estratégicos para poner en marcha cambios efectivos en el ámbito de la reducción de los residuos.

Es más, múltiples experiencias extranjeras demuestran que el emprender caminos hacia el "Cero Desecho" depende de una positiva colaboración entre gobiernos locales (municipalidades) y comunidades locales. Además, son los actores que hasta ahora no han sido suficientemente asociados, involucrados o responsabilizados en las primeras iniciativas legales como la Ley de Responsabilidad Extendida al Productor (Ley REP, promulgada en 2016 y en progresiva implementación desde entonces).

No esperemos entonces a que la hoja de ruta nacional nos diga cómo proceder porque los caminos posibles hacia el "Cero Desecho" son muchos; el primer paso suele ser el más difícil para vencer la inercia, pero si está bien escogido por el dúo municipio-comunidad concernido, y bien apoyado por empresas creativas y circulares, puede resultar mucho más fácil de lo que pareciera.

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